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sábado, 15 de febrero de 2025

Por qué Schoenberg

 

Por qué Schoenberg
Harvey Sachs

2024 fue un año de importantes efemérides musicales, encabezadas por los doscientos años del natalicio de Bruckner y el centenario de la muerte de Puccini, ambos ampliamente recordados en las programaciones de orquestas y teatros de ópera de todo el mundo. Bajo el oropel y el sonido de todas esas celebraciones también yacía el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Arnold Schoenberg, que pasó prácticamente desapercibido.

Schoenberg se consideraba a sí mismo el continuador de la gran tradición de la música centroeuropea; esa sucesión de reformadores-continuadores compuesta por los apellidos Bach, Mozart, Beethoven, Brahms, Wagner, Bruckner y Mahler. El compositor austriaco siempre vio su música como el relevo natural de sus predecesores; no se consideraba el destructor de un orden, sino el sucesor de los que lo precedieron mediante la adición de los cambios necesarios para que la tradición se renovase.

Obviamente, y esto casi un siglo después de su muerte es muy evidente, la percepción del público en general y hasta de un nutrido grupo de compositores e intérpretes es bien diferente. En este ensayo Sachs recorre la vida personal y musical de Schoenberg (tan entrelazadas en él) y trata de encontrar una explicación a esta situación. En vida, durante su etapa tonal, nuestro compositor fue un músico relativamente famoso y que se programaba con bastante frecuencia; incluso cuando emprendió el camino de la atonalidad siguió siendo alguien relevante, si bien es cierto que nunca pudo vivir de lo que escribía y siempre tuvo como principal fuente de ingresos la enseñanza, en la que destacó desde bien joven ("Este libro lo aprendí de mis alumnos", escribió en el prólogo de uno de sus tratados más famosos).

Y aquí es donde Sachs lanza una de sus hipótesis: a partir de Puccini y Richard Strauss, ningún compositor ha vivido de lo que componía; y si uno no depende de que lo escuchen para comer, puede que explore vías que teóricamente pueden ser interesantes pero que no interesen prácticamente a nadie y terminen convertidas en meros artefactos culturales. Las últimas obras de Beethoven no gozaron de ninguna popularidad en su tiempo, pero veinte años después de su estreno ya formaban parte del repertorio y eran solicitadas por el público, algo que no ha sucedido con Schoenberg (ni con la inmensa mayoría de las vanguardias del siglo XX).

Y esto lleva a Sachs a su pregunta final: al no existir desde hace muchísimas décadas música clásica "viva" que sea popular, ¿podríamos estar asistiendo al final de un ciclo del arte que ha durado siglos? Tal vez sí o tal vez no, pero este libro merece mucho la pena.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Reflections on Toscanini

Reflections on Toscanini
Harvey Sachs

Una especie de epílogo a la rigurosa biografía del mismo Sachs sobre el maestro de Parma. El último capítulo, una comparación entre varias grabaciones de la Séptima de Beethoven, fue escrito para la publicación del volumen, mientras que el resto son ampliaciones de artículos anteriores del autor para diversas revistas y periódicos.

El primer capítulo es el que más me ha gustado. Trata la situación de la figura musical de Toscanini en el momento en que apareció este libro (1991); resulta curiosa la comparación que realiza con Karajan, alejando a Toscanini de los tópicos del momento... pero cayendo en todos los que la crítica de la época había acumulado sobre el salzburgués. Está visto que solo el tiempo es capaz de dejar las cosas en su sitio. En cualquier caso brillante y también desconcertante, acostumbrados como estamos a pensar en Toscanini como el director de las grabaciones con la NBC, la ubicación temporal que hace Sachs del maestro italiano: en la apabullante nómina de cantantes con los que trabajó aparecen nombres elegidos por Tchaikovsky, Mascagni o Bizet para sus estrenos y otros que continuaron en activo hasta la década de los ochenta del s.XX. También llama la atención la inmensa cantidad de música que estrenó o lo pronto que abandonó a determinados autores (la última vez que dirigió una ópera de Rossini fue en 1906 y de Bellini en 1898).

El resto de capítulos tratan de la relación con el fascismo de Mussolini, con Bayreuth, de la llegada a la Scala o su primer contrato en Turín. Un buen complemento a la biografía aunque no se puede decir que revele nada realmente nuevo. El capítulo dedicado al legado de Toscanini, escrito a finales de los ochenta, ha quedado obsoleto puesto que gran parte del material musical que cita lo publicó RCA y ha circulado ampliamente desde comienzos de los noventa.

jueves, 18 de octubre de 2012

Toscanini

Toscanini
Harvey Sachs

Como en España no se publica prácticamente ningún ensayo relacionado con la música o la ciencia, en 2007 decidí arriar velas y comprar una serie de biografías de directores de orquesta en inglés. La verdad es que me daba mucha pereza ponerme con ellas y hasta el año pasado me había limitado a ojear las fotos. Finalmente vencí la molicie y empecé con Karajan. Este ha sido el año de Toscanini.

En el prólogo de su libro (publicado en 1978), el propio Sachs argumenta con datos lo inadecuado de las biografías que existían hasta ese momento del gran director. Sesgos interesados sobre la personalidad del protagonista y lagunas documentales tanto en aspectos biográficos como musicales, dibujaban, en opinión de Sachs, un retrato que no permitía una aproximación veraz a la figura del parmesano.

El libro de Harvey Sachs es de una precisión fanática en cuanto a hechos, citas, fechas y argumentos. En algunos momentos está escrito casi con unción, pero sin renunciar nunca a la exactitud. Un gran trabajo. Tan bueno que, hasta donde yo sé, no se ha vuelto a publicar una biografía seria sobre Toscanini. No hay mayor elogio para la obra de Sachs.

La organización del libro es la habitual, con un recorrido por la vida de Arturo Toscanini desde sus orígenes familiares hasta el final. La formación en el conservatorio, el inopinado salto del violonchelo al podio de director, el estreno de “Otello” tocando bajo la dirección del mismísimo Verdi, la primera etapa escalígera, el encuentro con Caruso, la titularidad en Nueva York, los años amargos de la Primera Guerra Mundial, la vuelta a la Scala para transformarla en el primer teatro de ópera moderno del mundo, la relación con Puccini, la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial con la consiguiente vuelta a Norteamérica, la NBC, la gloria y la fama (a veces disfrutadas, a veces toleradas con mucha reticencia), los malos modos ocasionales, el fanatismo por la precisión y la belleza del sonido, los encontronazos políticos... En definitiva, una vida que fue como un torbellino, en la que Toscanini surcó como un meteoro el panorama musical de la primera mitad siglo XX, fijó lo que después sería el modus operandi de cualquier teatro de ópera y también los modos interpretativos de gran parte del repertorio de cualquier orquesta sinfónica.

El libro se cierra con un capítulo de reflexiones que es completamente vigente. En la crítica musical contemporánea sigue existiendo la confrontación entre la interpretación “literal” (¿?) de las partituras, de la que Toscanini sería abanderado, frente a la visión más romántica del hecho musical; también sigue leyéndose que Toscanini tocó todo igual durante toda su vida y que dirigía demasiado rápido. Modismos, en suma, que provienen del hecho de no escuchar atentamente las grabaciones y de olvidar que Toscanini empezó a dirigir con 19 años en 1886 y se retiró con 87 en 1954, mientras que el grueso sus grabaciones (en realidad todas excepto menos de una decena) se realizaron en sus últimos diez años de vida. Un material que, aunque es abundante, no recoge el recorrido musical del maestro. Aún así es una enorme suerte poder escucharle y asombra que, después de tantos años, esos discos sigan emocionando y ofreciendo la sensación de algo único e irrepetible.