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martes, 26 de marzo de 2024

Ravel

 

Ravel
Jean Echenoz


Ravel con sus manías, con su fobia a la exposición pública y a la emotividad, pero también con su punto de narcisismo. Ravel aburrido, sin ideas. Ravel asustado ante la enfermedad. Ravel y su cólera fría ante las licencias de Toscanini y el pianista Wittgenstein. Ravel y su falta de empatía ante los amigos que se preocupan por él. ¿Quién fue Ravel?

En este librito se cuentan un montón de cosas que son de verdad y otro montón que no sabemos si lo son. La prosa irónica y clara de Echenoz las hace indistinguibles y sirve para intentar contestar a esa pregunta.

Maravilloso.

sábado, 4 de junio de 2022

14


14
Jean Echenoz
 
De nuevo el Echenoz más zumbón y sardónico. La Gran Guerra es el telón de fondo, pero las grandes ofensivas, los generales, los discursos y la parafernalia desaparecen y ya sólo quedan los cuatro desdichados que salen del pueblo y se encuentran en el frente con los obuses, la sangre, la mutilación y los piojos.
 
Y encima es capaz de contarlo con elegancia.

jueves, 7 de enero de 2021

Lago


Lago
Jean Echenoz

Las letras francesas brillan de lo lindo desde hace unas décadas: Houellebecq, Carrère, Vuillard… También Echenoz luce en esa lista.

Cuando escribió “Lago” ya era un escritor consolidado. Yo sólo conozco “Correr”, sobre la vida del atleta Zátopek, una pieza bastante diferente de esta novelita de espías que ironiza permanentemente sobre el gremio (y el género) y que está escrita con tono zumbón y mano maestra.

lunes, 18 de julio de 2016

Correr

Correr
Jean Echenoz

A este le tenía muchas ganas desde hace tiempo pero con tantos títulos y autores pendientes y la dispersión que conllevan no había encontrado el momento. Aparte de lo bien que se hablaba de Echenoz como escritor, siempre me ha fascinado la figura del atleta Emil Zátopek, ese hombre desgarbado que corría braceando como un poseso, con una cara de sufrimiento que hoy le habría valido el espanto de cualquier patrocinador y que llegó al atletismo tarde y por pura casualidad.

El libro es una pieza realmente especial; en realidad, si no fuera por la propaganda editorial, nadie que no haya oído hablar de Zátopek pensaría que la novela trata de un personaje real. Durante bastantes páginas solo se nos habla de un tal Emil, del que no se nos cuentan las típicas notas biográficas sobre sus padres y abuelos y lo que hacía de pequeño. A Emil lo conocemos ya pasada la adolescencia. Un narrador omnisciente pero a la vez tierno y cercano nos describe en tercera persona sus andanzas, la sordidez de la Checoslovaquia comunista, cómo llega a las pistas de atletismo por pura casualidad… también conocemos los pensamientos de Emil, lo que confiere a la narración un tono de novela histórica salvo por el hecho de que tampoco parece que lo sea. Y así transcurre todo el libro: en una zona sutil e indefinible en la que sabemos con certeza que lo que se nos cuenta sucedió pero con un estilo narrativo que es propio de la ficción.

Una maravilla.