sábado, 9 de febrero de 2013

El año de Drácula


El año de Drácula
Kim Newman

Otra lectura fuera de programa. Se trata de una novela que publicó Timun Mas en 1992 y que reeditó Alamut en 2010. He leído la edición de Timun, de traducción un tanto desaliñada como suele ser habitual en ellos.

Me llamó la atención la idea de partida del relato: una Inglaterra victoriana en la que Drácula no fue detenido por Van Helsing. A partir de ahí Newman urde ante todo una trama policial para desenmascarar a un asesino de vampiros, en torno a la cual se ordenan las intrigas de la nueva corte y sus opositores.

Aunque no es mi género y la aparición de invitados estelares (los doctores Moreau y Jekyll, el inspector Lestrade y otros) va con calzador y no aporta nada a la historia, es una novela entretenida.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Viajes con Heródoto


Viajes con Heródoto
Ryszard Kapuscinski

Un libro señero del gran reportero polaco, en parte autobiografía y en parte reportaje de acontecimientos vividos por el autor.

Con un estilo periodístico, de gran reportaje, Kapuscinski arranca la narración en la Universidad de Varsovia en la que, al concluir la Segunda Guerra Mundial, recibió clases de historia. Al repasar aquellos apolillados apuntes se encuentra con el griego Heródoto y a partir de ahí nos desgrana parte de su recorrido profesional, primero en Polonia y después, de un modo fortuito, en la India, China y África, acompañado por la obra del inmortal griego, de la que cita pasajes con prodigalidad según su estado de ánimo o el lugar que visita.

Los recuerdos recogidos no siempre son hechos importantes. Junto a los acontecimientos históricos aparecen un atraco en El Cairo, una noche en Tazania, una visita a la Muralla China y otras muchas anécdotas. Todo emocionante, vívido y con el foco del reportero centrado en la gente anónima. En realidad son tres viajes en uno: el de Heródoto, el de Kapuscinski y el de una parte de nuestra historia.

No estamos solos. Tenemos vecinos y éstos, a su vez, tienen los suyos y así sucesivamente , y todos juntos poblamos un mismo planeta”
Heródoto de Halicarnaso
Siglo V a.C.

lunes, 28 de enero de 2013

Los amigos de Eddie Coyle


Los amigos de Eddie Coyle
George V. Higgins

Esta semana ha tocado una incursión en la novela negra, que es uno de los géneros que menos frecuento. Parece que este título es uno de sus clásicos y supuso un punto de inflexión en cuanto a estilo. Un libro breve que además, por el modo en que está escrito, pasa como una exhalación ante nuestros ojos.

Nada de descripciones. Nada de disecciones psicológicas. Nada de ponernos en situación. Todo son diálogos. Es una novela completamente cinematográfica, dura, pero también sarcástica, en la que los personajes no dramatizan sus situaciones personales: son consecuentes con sus modos de vida y asumen lo que conllevan.

Para mí, un gran desccubrimiento.

martes, 22 de enero de 2013

Nueva historia universal de la infamia


Nueva historia universal de la infamia
Rhys Hughes

Cuando se publicó este libro huí de él como de la peste. Borges es uno de mis escritores preferidos y siempre me ha parecido que esa orfebrería suya es inimitable. Cuando vi el volumen de Hughes pensé que, si era una imitación, sería penosa, mientras que si se trataba de una broma tendría muy poca gracia.

Años más tarde encontré el libro en una tienda de segunda mano y, por ese precio y estando relacionado con Borges, me dije: adelante; léelo. Y eso he hecho. Y bien que he disfrutado. ¿Es Borges? No. ¿Es una imitación? Puede parecerlo a veces pero solo porque el autor quiere que el libro esté emparentado con el argentino. ¿Es una parodia? Tampoco; en todo caso, Hughes se parodia a sí mismo y a su “borgismo”. Entonces, ¿qué es esto? No está claro. Pero está muy bien escrito y, si se conoce la obra del bonaerense, es también muy divertido (quizá lo sea incluso si no se ha leído al argentino).

Mención especial para “En pos del Libro de Arena”, que relata el destino último de ese libro inimaginable, con un infinito número de páginas, que Borges decidió dejar olvidado en un anaquel de la Biblioteca Nacional. Y una última nota de admiración para el traductor Carlos Gardini, que debió de criar alguna cana vertiendo esto al castellano.

domingo, 13 de enero de 2013

Terra Nova. Antología de CF contemporánea


Terra Nova
Ken Liu, Lola Robles, Erick Mota, Víctor Conde, Juanfran Jiménez, Ian Watson, Teresa Echevarría, Ted Chiang

En la web Terra Nova los inventores de esta iniciativa recogen las peripecias que felizmente condujeron a la existencia de esta colección de relatos. Mi interés principal en el volumen se debe a un relato largo (más de cien páginas) de Ted Chiang que no había sido publicado en castellano, al que se unen otros siete trabajos para completar el libro.

Como cualquier recopilación de relatos, esta también tiene altibajos. No hay en ella ningún cuento que me haya parecido malo, aunque los más discretos no pasan de lo meramente entretenido. A continuación, en nivel de interés, destacaría “Recuerdos de un país zombi” del cubano Erick J. Mota, un relato muy reivindicativo rebosante de humor ácido. Para mi gusto dos de los mejores trabajos de la antología son los firmados por Ken Liu, que aparece con el conmovedor “El zoo de papel”, y por el español Juanfran Jiménez, que está representado por “Cuerpos”, bien escrito y con una trama trepidante.

La parte del león es el relato de Ted Chiang “El ciclo de vida de los objetos de software”. No creo que pueda decepcionar a ningún aficionado al autor estadounidense. Como en los relatos recopilados en “La historia de tu vida”, la factura es irreprochable, racional y contenida incluso en los momentos de mayor agitación emocional; y la exploración del tema elegido (en esta ocasión los mundos virtuales) es concienzuda y original, sin proselitismo ni aspavientos. Un auténtico festín.

Los impulsores del proyecto tienen en mente un segundo volumen de relatos. Esperemos que la suerte les acompañe y puedan seguir adelante.

martes, 8 de enero de 2013

Algo va mal


Algo va mal
Tony Judt

Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Durante treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es lo único que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo. Sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen. Ya no nos preguntamos sobre un acto legislativo o un pronunciamiento judicial: ¿es legítimo? ¿Es ecuánime? ¿Va a contribuir a mejorar la sociedad o el mundo?
(…)
No podemos seguir viviendo así. El pequeño crac de 2008 fue un recordatorio de que el capitalismo no regulado es el peor enemigo de sí mismo: más pronto o más tarde está abocado a ser presa de sus propios excesos y acudir al Estado para que lo rescate. Pero si todo lo que hacemos es recoger los pedazos y seguir como antes, nos aguardan crisis mayores durante los años venideros.”

Este es el demoledor comienzo del breve ensayo de Tony Judt en el que, mediante razonamientos apoyados en datos suministrados por organismos internacionales, pone de manifiesto la gran mentira del “liberalismo” salvaje que se ha adueñado de la economía, la política y la sociedad durante las últimas décadas. La privatización del ferrocarril británico; la injerencia desbocada en la vida política del dinero proveniente de los bancos; la falta de ética de los líderes políticos, su ceguera ante los problemas globales y su carencia de argumentos políticos para afrontar los desafíos de la realidad. Todas estas cuestiones son abordadas con lucidez y en todos los casos se proponen alternativas al modus operandi al que nos han acostumbrado.

Cada sección está acompañada por citas como esta de Keynes (oportunísima a día de hoy, cuando los jerarcas del FMI reconocen que han echado mal las cuentas):

Los hombres prácticos, que se consideran exentos de toda influencia intelectual, suelen ser esclavos de algún economista ya caduco. Los orates en el poder, que oyen voces en el aire, extraen su frenesí de algún escritorzuelo académico de hace años. Estoy seguro de que el poder de los intereses creados se ha exagerado enormemente en comparación con la restricción gradual de las ideas.

Un libro valiente, rotundo y necesario que siempre tiene como epicentro a las personas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Cismatrix


Cismatrix
Bruce Sterling

La humanidad ha abandonado la Tierra y su diáspora la ha esparcido por el Sistema Solar, que habita construyendo pequeños mundos artificiales; la Cismatrix. Dos facciones se disputan el poder en ella: los formistas, expertos en manipulación genética, y los mecs, que hacen de sus cuerpos una mezcla de biología y robótica.

En ese marco arranca la novela, con la rivalidad personal de dos mentes brillantes. La peripecia de ese encono es el hilo narrativo principal, durante el cual se nos describen indirectamente las sucesivas transformaciones por las que van transitando los hombres. En un momento determinado Sterling resuelve la lucha en favor de uno de los contrincantes y a partir de ahí la narración entra en una fase supuestamente trascendente, una especie de reflexión sobre la vida, el destino y el porqué de las cosas.

Los dos primeros tercios del libro son realmente brillantes, muy bien escritos, con grandes ideas y un enorme atractivo paisajístico. Después, como suele suceder en la ciencia-ficción cuando se pretende trascender el género solo porque sí, la novela pierde brío e interés y hace que lo narrado hasta ese punto dé la impresión de haber sido un simple decorado, una mera excusa para que el autor epate con su teoría del cambio.

En cualquier caso es una gran lectura y con esa espectacular portada de Alejandro Terán... ¿quién puede resistirse?

martes, 18 de diciembre de 2012

Leyes de mercado

Leyes de mercado
Richard Morgan

De nuevo Morgan hace uso de su potente drive y, en esta ocasión sin sutilezas en la prosa, acompaña la historia con raciones abundantes de sexo y violencia, tanto explícitas como implícitas. Conviene saberlo antes de ponerse a leer porque algunas escenas (las violentas en particular) son francamente crudas.

El mundo descrito por Morgan está habitado por una humanidad que sobrevive frente a un exclusivo grupo que disfruta de los recursos existentes sin ambages ni restricciones, si bien el acceso a esa élite exige también el uso de la violencia. Los gobiernos de todo el mundo han claudicado ante un capitalismo feroz y las decisiones estratégicas vinculadas a la guerra, la economía y las personas las toman multinacionales en función de los beneficios que puedan obtener.

Un libro tan despiadado como el mundo que describe. ¿Ciencia ficción?

jueves, 13 de diciembre de 2012

Mareas de medianoche


Mareas de medianoche (Malaz V)
Steven Erikson

La Factoría de Ideas acude puntualmente a su cita y nos trae la quinta entrega de la serie Malaz. El enfoque de la historia es el mismo al que nos tiene acostumbrado Erikson: argumentos entrelazados, hechos expuestos en crudo sin introducción previa y numerosas incógnitas que no se despejan. Sin embargo, este quinto libro parece un punto de inflexión en la serie; no hay Abrasapuentes ni Anomander Rake ni (aparentemente) sendas mágicas, no visitamos las ciudades y continentes conocidos y desaparecen prácticamente todos los personajes y razas que habían llevado el peso de la historia hasta el momento.

En esta ocasión la novela tiene únicamente dos líneas argumentales. En una se describe la situación de los tiste edur tras la unificación de todas sus tribus y en la otra la sociedad letheri; el clímax se producirá con la confluencia de ambas ramas. Todo esto sucede en un tiempo anterior a lo descrito en el resto de novelas y en un continente distinto (al menos es la conclusión a la que he llegado yo... ¡con Erikson nunca se sabe!).

La parte tiste edur es la que menos me ha convencido: hierática, demasiado homogénea (los personajes responden a diferentes motivaciones pero se comportan del mismo modo), extrañamente primitiva si la comparamos con su homóloga letheri y con diálogos poco frescos, impostados y no demasiado creíbles; a pesar de lo cual funciona y contiene momentos muy excitantes. Por contra, la parte dedicada a los letheri trabaja como un mecanismo de relojería suizo, con una gran variedad de personajes, situaciones muy cambiantes y la pareja estelar formada por Tehol Beddict y su criado Bicho, que ahora mismo son los personajes más cómicos y agudos que recuerdo en un libro de fantasía. El clímax de la novela no decepcionará a nadie.

Sin desvelar nada, me intriga muchísimo la aparición de una compañía de la Guardia Carmesí aparentemente antes de tiempo (¿para establecer vínculos con el resto de la saga? ¿No bastaba para eso con el Dios Tullido?) y de cierto tiste andii que hasta ahora era un desconocido para los lectores a pesar de su enorme importancia en la historia de su pueblo. ¿Formarán parte todos ellos de novelas posteriores? ¿Cómo encajarán estos nuevos episodios en el puzle que ya conocíamos? ¿Qué pasa con el Dios Tullido, un personaje secundario hasta ahora que en esta novela maneja parte de los hilos?

Preguntas y más preguntas, pero también grandeza, frenesí y diálogos hilarantes entre los letherii. Malaz. Una vez más.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Por qué leer los clásicos


Por qué leer los clásicos
Italo Calvino

Una vez más me encuentro con un libro que al final tiene poco que ver con lo que yo esperaba antes de leerlo. Este volumen reúne dos colecciones de ensayos, que el propio Calvino recopiló en vida, sobre libros y autores variopintos que la hija del autor describe en una nota preliminar como “los libros de los escritores y poetas, los hombres de ciencia que más contaron para él, en diversos periodos de su vida”. Como en cualquier recopilación lo primero que destaca es lo que no está (Cervantes, Quevedo, el boom latinoamericano – salvo Borges -, Joyce, Kafka, Faulkner, etc.) y lo segundo, entre lo que sí está, lo que se ha elegido para representarlo.

En general los ensayos son poco divulgativos. Se centran en aspectos muy concretos o muy técnicos de cada obra y en exégesis, bien ideadas por Calvino, bien por otros autores, de las mismas. Me quedo con los dedicados a la “Anábasis” (muy cinematográfico), al “Robinson Crusoe” (afilado e irónico), a Hemingway (escrito el año en que recibió el Nobel desde el punto de vista de un escritor que aprendió a escribir leyendo al norteamericano) y a Borges (desconocido en Italia hasta los años cincuenta).

Pero lo realmente extraordinario del libro es el prólogo, del propio Calvino: “Por qué leer los clásicos”, en el que propone catorce definiciones diferentes llenas de ingenio e ironía para establecer qué significa la etiqueta clásico aplicada a una obra literaria.

Héroes de nuestro tiempo


Héroes de nuestro tiempo
Santiago Segurola


Este libro recoge una selección de colaboraciones de Santiago Segurola aparecidas en los últimos veinticinco años en “Marca” y “El País”, los dos medios en los que el periodista ha desarrollado el grueso de su producción escrita. Algunas de ellas van precedidas por una introducción, escrita para esta edición por el propio Segurola, en la que bosqueja el origen del artículo en cuestión o las circunstancias de la actualidad en la que fue redactado. En general los publicados en “El País” son los de mejor factura y los escritos a partir de finales de los noventa los que suelen contener reflexiones de más calado.

Los artículos tocan múltiples deportes y han sido organizados con criterios temáticos, transversales a las disciplinas deportivas (por ejemplo, rivalidades históricas del atletismo y el fútbol se tratan en el bloque “La gran rivalidad”). También hay un apartado con varias entrevistas, entre las que destacan las de di Stefano, Fabio Capello y Vanderlei Luxemburgo.

Son centenares de artículos por lo que el resultado es heterogéneo, pero siempre se observa una gran atención a los aspectos técnicos de la disciplina comentada y un claro intento de escribir con clase, huyendo de los manierismos del género deportivo. Como conclusión general, los artículos dedicados al atletismo son los más emotivos, mientras que los dedicados al fútbol resultan más analíticos. En bloque, impresionan el volumen, el calado y la calidad de Segurola como articulista. Sin duda un periodista sustantivo, de una escuela que poco a poco va desapareciendo, engullida por el sensacionalismo y los titulares “twitteros” de consumo rápido y fácil.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Lo Héroes

Los Héroes
Joe Abercrombie

Tras la trilogía “La Primera Ley” y el auto conclusivo “La mejor venganza”, Abercrombie regresa con un nuevo libro para seguir desgranando las historias de la Unión, el Norte y sus pobladores. En esta ocasión el autor ha decidido seguir al pie de la letra una de sus máximas y ha regresado al barro. Ha renunciado a escribir y ha trasladado el desaliño de sus guerreros a su prosa para manufacturar un libro propio de una franquicia.

Tampoco se ha estrujado mucho la sesera nuestro amigo Abercrombie para dibujar los personajes: son los mismos de siempre o trasuntos de ellos, con la salvedad de los nombres de pila y los apodos.

A pesar de todo el libro resulta entretenido y sigue manteniendo algo del encanto de sus predecesores, pero si Abercrombie continua la línea descendente dentro de poco resultará ilegible. No se pueden sostener tantas páginas (¡casi ochocientas!) solo con casquería y frases tan repetidas en novelas anteriores que se han convertido casi en refranes.

sábado, 17 de noviembre de 2012

El jugador


El jugador
Iain M. Banks

Los británicos Iain M. Banks, Peter F. Hamilton y Alastair Reynolds (del más veterano al más joven) son los tres chicos de oro de la “space-opera” actual. Tres estilos diferentes. El de Hamilton es populoso y lleno de meandros. El de Reynolds es quizá el más barroco por la prosa y la concentración de acontecimientos. El de Banks es el más cartesiano, centrado en un solo hilo narrativo en cada novela. Los tres han inventado sendas organizaciones espaciales creadas por una humanidad que se expande por el universo y que interactúa, amistosamente o no, con otras razas.

Leyendo a Banks da la sensación de que su organización (La Cultura) es lo que le gustaría que fuéramos frente, en el caso de esta novela, al Imperio Azad, que se parece bastante a lo que somos en realidad. En “El jugador” el protagonista es precisamente eso: un jugador profesional que termina participando en un juego muy especial que vertebra una civilización ajena a la Cultura.

Como en otras novelas dedicadas al universo de la Cultura Banks nos describe, sobre todo en la primera parte, diferentes aspectos de su utópica ¿y deseada? sociedad. La segunda parte de la novela hace de bisagra, narrando el viaje de nuestro protagonista, y en la tercera y cuarta se produce el contacto con los alienígenas y el desenlace de la trama. Es fascinante la habilidad de Banks para, sin describir apenas ninguna regla o aspecto físico, dotar de personalidad cada uno de los juegos que aparecen en el relato. La parte del león es para el juego Azad, que da nombre al Imperio y da sentido a toda su sociedad.

Y creo que no se puede decir nada más sin desvelar detalles jugosos, importantes y sorprendentes de la trama. Una de las mejores novelas de la Cultura. Leerla ha sido un placer.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Einstein. Su vida y su universo


Einstein
Walter Isaacson

Una nueva biografía de Albert Einstein en castellano, esta vez de la mano del periodista Walter Isaacson, que es autor de otros ensayos biográficos dedicados a Benjamin Franklin, Kissinger y al nuevo Papa Steve Jobs. En general es un trabajo muy bien hecho, muy exacto, que se preocupa de iluminar los aspectos menos populares de la vida y el trabajo del gran científico. Hay abundancia de fuentes y citas y siempre prevalece el rigor sobre cualquier otra consideración, lo que por un lado nos proporciona una semblanza general del personaje y, por otro, impide que el texto levante el vuelo y nos transmita auténtica emoción.

En el aspecto científico recorremos las lecturas, reflexiones y peripecias que le condujeron a ese milagroso año 1905 (efecto fotoeléctrico, movimiento browniano, relatividad especial y equivalencia entre masa y energía), el extenuante camino hasta la relatividad general (1915) y las controversias en torno a la mecánica cuántica que desembocaron en un largo viaje a ninguna parte para tratar de encontrar una teoría que englobase relatividad, gravitación y cuántica.

En lo personal encontramos un Einstein que desde su adolescencia mostró una personalidad rebelde, contraria a dejarse dominar por la autoridad y muy segura de su capacidad intelectual, lo que le condujo en ocasiones a ser jactancioso (como por ejemplo cuando, sin haber realizado aún ninguna investigación, dedicó varias cartas a Boltzmann rebatiendo equivocadamente, algunos de sus trabajos publicados) pero también a lograr sus deslumbrantes descubrimientos. Con la edad el carácter se atemperó y nunca perdió afabilidad ni bonhomía, aunque siempre le costó mantener relaciones normales con sus allegados (hijos y esposas incluidos) hasta el punto que él mismo reconocía encontrar solaz en la investigación frente a la turbulencia de las relaciones humanas.

Isaacson recoge tambien multitud de anécdotas, como la del Senado estadounidense debatiendo la teoría de la relatividad en uno de sus plenos o, ya en la madurez, la llamada del propio Einstein a la Universidad de Princeton haciéndose pasar por  un admirador para que le recordaran la dirección de su casa, que había olvidado.

La dimensión colosal de su trabajo científico, que trasciende el ámbito de la Física para alcanzar la imaginería popular y la percepción de la realidad misma, la militancia en contra de la violencia, del racismo y, sobre todo, de la pérdida de los derechos individuales (que mantuvo estoicamente incluso en las horas más virulentas de macarthismo), junto a una iconografía personal muy particular y un carácter bondadoso, han convertido a Einstein en una leyenda. Quizá la única leyenda científica de todo el siglo XX.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Que el vasto mundo siga girando

Que el vasto mundo siga girando
Colum McCann

Llegué a esta novela, a priori una más de las que pueblan fugazmente las mesas de novedades de las librerías, por casualidad. Un autor desconocido para mí, ninguna referencia previa sobre el libro y una colección (RBA Narrativas) con la que habitualmente no sintonizo. Sin embargo, después de leer alguna página al azar, decidí comprar el libro.

El leit motiv de la novela es el paseo que se dio el funambulista Philippe Petit entre las Torres Gemelas el siete de agosto de 1974. Todas las historias del relato tienen contacto con ese hecho, que sirve como amalgama aunque en sí mismo no reviste importancia. De hecho, el libro de McCann es en realidad una especie de colmena en la que cada uno de los personajes recorre su propio camino. Finalmente todos ellos terminan teniendo algún vínculo fugaz e irrelevante, pero el desarrollo de la novela está tan conseguido que revive perfectamente la sensación de azar, de encuentro fortuito ocasionado por lo imprevisible de la vida.

De las diversas vidas que cuenta la novela, la primera de ellas, la de los dos hermanos irlandeses, es la que me parece más floja. Es muy radical y el personaje principal, que es en cierto modo el detonante de todo lo que sabremos después, resulta poco creíble y muy forzado. Es el único borrón en la historia porque el dibujo de todos los demás protagonistas es vívivido y muy humano. Resultan especialmente conmovedoras las autobiografías de una de las prostitutas, la del juez y la de una de las madres que perdieron a sus hijos en Vietnam. Y todo en una prosa muy cuidada, con muchos registros diferentes que se adaptan a cada personaje y cada situación.

En definitiva, una lectura placentera que emociona. Y otro de esos libros que se olvidarán, que no tendrán suerte con las ventas, que pasarán desapercibidos. Misterios del mundo editorial.

domingo, 28 de octubre de 2012

La noche de los cuchillos


La noche de los cuchillos
Ian Cameron Esslemont

En una labor conjunta que comenzó en 1982, Ian Esslemont y Steven Erikson comenzaron a urdir el vasto mundo de Malaz. Coquetearon con el rol y el cine y finalmente la idea, los manuscritos, los bocetos y los intentos preliminares se plasmaron en la primera novela de la serie, “Los jardines de la luna”, que está escrita por Erikson pero bebe de las ideas de los dos colaboradores.

Es Erikson el autor de la columna vertebral de la serie, las diez novelas que configuran el universo de Malaz; pero Esslemont ha acometido la escritura de cuatro novelas independientes entre sí que se ambientan en diferentes momentos de la epopeya malazana. La Factoría de Ideas, que está dedicando grandes esfuerzos a la serie, nos presenta la primera de esas cuatro novelas: “La noche de los cuchillos”.

Una vez terminada, y habiendo leído las cuatro novelas de Malaz que lleva publicadas hasta hoy la Factoría, la conclusión es que este relato de Esslemont es idéntico en estilo, prosa y construcción a los libros de su colega, con la salvedad de la extensión de la historia; podría estar firmado por Erikson y creo que muy pocos lectores apreciarían el engaño.

La noche de los cuchillos” transcurre en un solo día y relata los acontecimientos, sobrenaturales en su mayoría, sucedidos la noche de la Luna Sombría en la Isla de Malaz, origen geográfico del Imperio. Como su colega Erikson, Esslemont no se anda con introducciones ni ambientaciones previas. El lector se sumerge directamente en la acción con el mismo desconocimiento que los personajes. Aquí la confusión es menor que en los libros de la saga principal porque la menor extensión del relato reduce las variables, aunque también disminuye la sensación épica. En cualquier caso es un libro enormemente entretenido, escrito con ambición y conocimiento del oficio y seguramente sea el modo ideal de iniciarse en el absorbente mundo malazano. Completamente recomendable también para los que ya hayan iniciado la singladura de las novelas mayores de la saga.

sábado, 20 de octubre de 2012

Solo el acero


Solo el acero
Richard Morgan

Parece que el toque Abercrombie consistente en personajes rufianescos, lenguaje en consonancia y situaciones escabrosas se va abriendo paso con fuerza en el género fantástico. Sin embargo, lo que en Abercrombie fue un soplo fresco y unos cuantos personajes memorables, en Morgan, que es un tío elegante y posee muchos más registros como escritor que su colega norteamericano, se convierte en una señora novela.

Morgan monta su historia a partir de tres hilos que se trenzan en la coda final del relato para construir el clímax correspondiente. La homosexualidad del protagonista (y las explícitas escenas de sexo), la ambivalencia de todos los personajes (mención especial a la relación entre el emperador Jhiral y su consejera Archeth), así como el mosaico de razas, tecnologías y creencias están cuidadosamente tratados por Morgan en una prosa versátil, que no solo se colorea en cada situación, sino que además moldea el registro de cada personaje de acuerdo a su disposición en cada momento del relato. Por si eso fuera poco, al señor Morgan le basta un libro para contar su absorbente historia. Y magníficamente además.

Me ha llamado la atención cómo Morgan logra ser heterodoxo y a la vez ser fiel al canon del género, porque el libro es de clasificación indudable y ningún aficionado a la fantasía se sentirá incómodo en él. Un especie de “Grupo salvaje” o “Sin perdón” pero en libro. Ha sido un festín. Y la edición de Alamut, como siempre, en perfecto castellano, lo que es una auténtica noticia en un tipo de narrativa tan maltratado por las editoriales.

jueves, 18 de octubre de 2012

Toscanini

Toscanini
Harvey Sachs

Como en España no se publica prácticamente ningún ensayo relacionado con la música o la ciencia, en 2007 decidí arriar velas y comprar una serie de biografías de directores de orquesta en inglés. La verdad es que me daba mucha pereza ponerme con ellas y hasta el año pasado me había limitado a ojear las fotos. Finalmente vencí la molicie y empecé con Karajan. Este ha sido el año de Toscanini.

En el prólogo de su libro (publicado en 1978), el propio Sachs argumenta con datos lo inadecuado de las biografías que existían hasta ese momento del gran director. Sesgos interesados sobre la personalidad del protagonista y lagunas documentales tanto en aspectos biográficos como musicales, dibujaban, en opinión de Sachs, un retrato que no permitía una aproximación veraz a la figura del parmesano.

El libro de Harvey Sachs es de una precisión fanática en cuanto a hechos, citas, fechas y argumentos. En algunos momentos está escrito casi con unción, pero sin renunciar nunca a la exactitud. Un gran trabajo. Tan bueno que, hasta donde yo sé, no se ha vuelto a publicar una biografía seria sobre Toscanini. No hay mayor elogio para la obra de Sachs.

La organización del libro es la habitual, con un recorrido por la vida de Arturo Toscanini desde sus orígenes familiares hasta el final. La formación en el conservatorio, el inopinado salto del violonchelo al podio de director, el estreno de “Otello” tocando bajo la dirección del mismísimo Verdi, la primera etapa escalígera, el encuentro con Caruso, la titularidad en Nueva York, los años amargos de la Primera Guerra Mundial, la vuelta a la Scala para transformarla en el primer teatro de ópera moderno del mundo, la relación con Puccini, la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial con la consiguiente vuelta a Norteamérica, la NBC, la gloria y la fama (a veces disfrutadas, a veces toleradas con mucha reticencia), los malos modos ocasionales, el fanatismo por la precisión y la belleza del sonido, los encontronazos políticos... En definitiva, una vida que fue como un torbellino, en la que Toscanini surcó como un meteoro el panorama musical de la primera mitad siglo XX, fijó lo que después sería el modus operandi de cualquier teatro de ópera y también los modos interpretativos de gran parte del repertorio de cualquier orquesta sinfónica.

El libro se cierra con un capítulo de reflexiones que es completamente vigente. En la crítica musical contemporánea sigue existiendo la confrontación entre la interpretación “literal” (¿?) de las partituras, de la que Toscanini sería abanderado, frente a la visión más romántica del hecho musical; también sigue leyéndose que Toscanini tocó todo igual durante toda su vida y que dirigía demasiado rápido. Modismos, en suma, que provienen del hecho de no escuchar atentamente las grabaciones y de olvidar que Toscanini empezó a dirigir con 19 años en 1886 y se retiró con 87 en 1954, mientras que el grueso sus grabaciones (en realidad todas excepto menos de una decena) se realizaron en sus últimos diez años de vida. Un material que, aunque es abundante, no recoge el recorrido musical del maestro. Aún así es una enorme suerte poder escucharle y asombra que, después de tantos años, esos discos sigan emocionando y ofreciendo la sensación de algo único e irrepetible.

lunes, 15 de octubre de 2012

Los Césares


Los Césares
y otras obras selectas
Thomas De Quincey

Los Césares

Las circunstancias de los emperadores romanos nunca se han valorado en su justa medida, ni se ha considerado hasta qué punto fueron únicas.”

Con esta prometedora frase arranca De Quincey su ensayo, en el que se propone estudiar la trayectoria de los emperadores romanos. Quizá promete algo que luego no da.

Arranca De Quincey la saga de los césares con los de la gens Julia (Julio César -al que considera el primer emperador-, Augusto, Tiberio, Claudio, Calígula y Nerón) pero no describe sus gobiernos, sino que refiriere anécdotas de sus vidas privadas para componer un retrato un tanto maniqueo de cada uno de ellos. A pesar de ello la prosa, como siempre en De Quincey, es opulenta y al placer de leerle se unen las impagables anécdotas del sanguinario Calígula y los intentos de Nerón de asesinar a su madre Agrippina empleando diversos ingenios mecánicos. Cuando termina con la casa Julia, indaga en las posibles causas del comportamiento de sus miembros más desequilibrados y aventura dos hipótesis: la primera, compuesta por tres causas, se sustenta en que la población de Roma, tras las guerras civiles, ya no era la que pobló originalmente la ciudad, sino el resultado del mestizaje con asiáticos (aquí De Quincey es como sus contemporáneos y desprecia todo lo oriental), además la religión de la época era muy arcaica y no imponía modelos de conducta y en tercer lugar, el espectáculo del Circo hizo sentir la vida como algo frívolo; la segunda hipótesis, más sencilla, supone que Calígula y Nerón simplemente estaban locos.

Prosigue De Quincey su particular clasificación de los emperadores romanos agrupando a continuación a los césares comprendidos entre Cómodo y Felipe el Árabe, tratando previamente, al margen de su clasificación de los emperadores en series, los reinados de Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y Lucio Vero (a los que llama emperadores patriotas y saltándose, sin dar ninguna explicación, a Domiciano, Nerva y Trajano). En este caso el enfoque deja de ser anecdótico y se describen los sucesos principales de cada reinado, indagando también en las causas de la decadencia.

De Quincey delinea una tercera saga de césares que empezaría con Decio y aprovecha esta secuencia de emperadores para extraer las conclusiones de su ensayo, incluyendo finalmente una cuarta serie de soberanos que arrancaría con Diocleciano.

En general el ensayo es algo desorganizado. Agrupa a los emperadores arbitrariamente sin dar explicaciones de los motivos de esas series de césares. Se salta emperadores muy importantes sin hacer el más mínimo comentario y el criterio que emplea para extenderse o no en los hitos de cada reinado es inescrutable para el lector. Pero por encima de cualquier otra consideración, se lee con gusto y muestra gran erudición.

Otras obras selectas

El volumen de Valdemar se completa con otros tres ensayos. Uno sobre Judas, en el que se enfoca al personaje como intérprete político de las enseñanzas de Cristo para restaurar la Casa de David. Otro sobre Homero, en el que cita los primeros trabajos, basados en el estudio lingüístico de sus obras, que conjeturan la posibilidad de que Homero sea una figura ficticia y la “Iliada” una acumulación de modificaciones realizadas por manos anónimas. El tercero y último reivindica la figura de Heródoto como prosista e historiador.


La edición, como siempre en Valdemar, es lujosa y está cuidada al detalle. El único pero que le pongo son las inexistentes notas a pie de página (se encuentran todas al final del volumen), que vendrían muy bien para consultar la traducción de las abundantes citas latinas y griegas.

jueves, 11 de octubre de 2012

Fafhrd y el Ratonero Gris


Espadas y demonios
Espadas contra la muerte
Fritz Leiber

Hace ya casi una eternidad, después del conocer “El hobbit” y devorar “El Señor de los Anillos”, me encontré en una etapa en la que la narrativa “seria” seguía sin atraerme pero lo único que encontraba relacionado con la fantasía en las modestas librerías de Leganés (que siguen siendo igual de modestas e incluso inexistentes) eran los libros de la serie Dragonlance. No tenía mucho bagaje como lector, pero sentía con claridad que la franquicia de Timun era a la obra de Tolkien lo que los polos de hielo son a los helados Morán.

Para ampliar horizontes de lecturas, muchos sábados por la mañana iba con mi padre a la Cuesta de Moyano y fue en una de aquellas excursiones cuando me topé con la serie “Fantasy” de Martínez Roca. El ejemplar que más se veía en aquel entonces era uno titulado “Espadas y demonios”, de un tal Fritz Leiber, con un forzudo bárbaro en la portada sacudiéndole un espadazo a un guerrero enfundado en una armadura (sin olvidar la icónica y sugerente mujer de las estepas). Así supe de Fafhrd, el habitante del frío Norte, y al Ratonero Gris y de cómo se conocieron en la grasienta y bulliciosa Lankhmar. A aquel encuentro le sucedió el rosario de aventuras recogidos en “Espadas contra la muerte” y allí se quedó todo porque los libros aparecían y desparecían como el Guadiana y no existía internet para averiguar el orden de lectura y si, dado el escaso presupuesto disponible, merecía la pena seguir adelante con las compras.

Releídos más de veinte años después, me han parecido muy gratificantes. Con más aspiraciones literarias que las sombras del viento o los temerosos hombres sabios y con unos personajes mezcla de picardía e inocencia, nada limpios pero con escrúpulos. Quizá el mejor de los trece relatos que reúnen estos dos volúmenes sea “Las mujeres de la nieve”, que narra con una prosa muy bella el rito de emancipación del norteño Fafhrd del matriarcado de su tribu natal. El resto de relatos no raya tan alto y los hay francamente prescindibles (“La costa sombría”, “La torre de los lamentos”) pero en conjunto merece la pena leerlos y el entretenimiento está garantizado.