jueves, 30 de agosto de 2012

Vidas escritas

Vidas escritas
Javier Marías

El contenido de este breve libro son colaboraciones de Javier Marías para algunas revistas literarias. Textos concisos que toman la figura de algún escritor, más o menos conocido, y juegan con un aspecto biográfico concreto de sus vidas.

Después de intentar leer “Todas las almas” y algunos de sus artículos periodísticos, he tenido a Marías por un escritor estirado y raspa, menos narrador que constructor de mecanismos. Por eso me ha sorprendido el humor, a veces cercano al cariño, que desprenden estas páginas en las que nos enteramos muy literariamente de los extraños intereses coprófagos del diario de Thomas Mann, la alegre vida licenciosa de Sterne, la discretísima y desapegada existencia de Lampedusa y muchas otras curiosidades sobre diversos autores.

Cada texto va precedido por una fotografía del protagonista y el libro se cierra con el pequeño ensayo Artistas perfectos”, en el que Marías comenta sus impresiones acerca de la deslumbrante serie de fotos de escritores que lo precede y que forma parte de la colección de retratos que el autor ha ido acumulando a lo largo de su vida. El último de ellos, una máscara mortuoria que Robert Blake se hizo en vida, impone de veras: 


lunes, 20 de agosto de 2012

El Carpentier músico


Ese músico que llevo dentro
Alejo Carpentier

Aunque su carrera académica fue muy irregular, los padres de Alejo Carpentier (arquitecto él, profesora ella y ambos músicos aficionados que tocaban en violonchelo y el piano) le procuraron una vasta formación cultural desde niño. Fue precisamente esa esmerada formación la que lo condujo al periodismo culto, al que dedicó el grueso de su producción. Más de cuatro mil artículos, según algunas estimaciones, en los que trató cuestiones musicales, literarias, arquitectónicas, etnográficas, cinéfilas o históricas hasta abarcar prácticamente cualquier aspecto relacionado con la cultura.

Los ensayos recogidos en este libro tienen como hilo conductor la música, arte que Carpentier amaba especialmente y sobre el que poseía conocimientos enciclopédicos tanto en lo referente a cuestiones técnicas como históricas. El grueso de estos ensayos lo forman artículos escritos durante los años cincuenta en el diario venezolano “El Nacional”. Los temas tratados son de todo tipo, unas veces relacionados con la actualidad musical de la época y otras con las inquietudes del propio escritor. Conversaciones mantenidas con Milhaud, Honegger o Erich Kleiber; comentarios sobre la naciente discografía de la época o conciertos de Argenta, Bernstein, Furtwängler o Horenstein; reflexiones sobre controversias interpretativas, imprecisiones biográficas y cuestiones estilísticas; análisis de algunas programaciones sinfónicas y operísticas de la época... La curiosidad, la capacidad de trabajo y la agudeza de Carpentier parecen ilimitadas. La lectura continuada de estos artículos resalta también el gusto y la pasión que nuestro autor sentía hacia la música contemporánea.

En varias ocasiones he pensado que estos artículos recuerdan a los que mensualmente escribe Antonio Muñoz Molina para la revista “Scherzo”. Es curioso cómo Carpentier, al contrario que Muñoz Molina, jamás se coloca en el foco del artículo; nunca es él el protagonista, nunca desvía la atención de la cuestión musical que trata. Y todo lo hace con una prosa destilada, personalísima y llena de precisión en la que cabe todo el idioma castellano sin que en ningún momento aparezcan la vanidad ni el exhibicionismo.

jueves, 16 de agosto de 2012

Tokio blues


Tokio blues
Haruki Murakami

De nuevo me cruzo con Murakami. Hace unos años, cuando empezó a tener un nombre en España, me decidí por la que era su obra más alabada: “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. No es una novela breve precisamente y cuando la terminé no supe concretar qué me había querido decir el autor con aquel relato en el que intercalaba pasajes fantásticos, casi oníricos, con las acciones más mundanas. Aunque aquella novela me pareció muy ambigua, estaba sin embargo bien narrada y siempre que la retomaba sentía el impulso de seguir adelante con la lectura.

Para decidir definitivamente sobre este autor que ahora mismo es un valor seguro para sus editores y hasta ha llegado a ser propuesto para el Nobel, escogí “Tokio blues” (su obra más popular en este momento). Se trata de otra novela muy bien contada; está claro que Murakami conoce el oficio de sobra. A partir de la evocación de un paisaje visitado en su juventud, un Toru Wanabate cercano a los cuarenta rememora el tránsito de los diecinueve a los veinte años, la época en la que estudiaba en la universidad.

Murakami alterna las introspecciones con la descripción de sucesos anodinos (me comí una tortilla, recogí la ropa, fumé un cigarrillo). De nuevo, como en la “Crónica”, no nos ahorra detalles: en su prosa todo se hace explícito, como si el relato tuviera que llenar con su extensión el marco temporal en el que discurre. De hecho creo que sería posible hacer una lista con todas las comidas realizadas por el protagonista a lo largo de cada una de las jornadas que jalonan la novela. También, como en “Crónica”, la música trufa el relato pero sin que llegue a formar parte de él; más bien es una especie de banda sonora de cada momento (hacía tal cosa mientras ella cantaba tal canción, pensé esto mientras silbaba esto otro). Y al igual que en la “Crónica”, las alteraciones del comportamiento humano constituyen la parte central del relato y el motivo principal de reflexión. La diferencia más destacada con “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” es que aquí no existen elementos que puedan relacionarse con lo sobrenatural.

En resumen me ha quedado la misma impresión que tuve con la novela que ya conocía. Creo que el principal mérito de Murakami es ese estilo de narración fluido, fácil y sugerente que es capaz de lograr y mantener a lo largo de muchas páginas. Por lo demás, no empatizo con su mundo y mi sensación final es de viaje a ninguna parte.

sábado, 11 de agosto de 2012

Stoner


Stoner
John Williams

Aunque parece que internet es capaz de sustituir eficazmente cualquier intercambio de información pura y dura entre personas, en realidad no es así. Siempre compro los libros en la misma tienda y como ya son unos cuantos años haciéndolo, al final el rito de la compra va acompañado por la charla y el cruce de opiniones variadas sobre cualquier tema. Y en uno de esos cruces me comentó Paco la existencia de este libro, del que yo no había escuchado hablar en mi vida y cuyo autor es un completo desconocido para mí.

William Stoner es el gris protagonista de su propia vida. La novela recorre sus pasos desde la granja de sus padres hasta su muerte. Después de toda una vida dedicada a ser profesor, labor a la que llega de un modo accidental; y, más que decidiendo, dejándose llevar con mansedumbre y resignación por el discurrir de los acontecimientos.

No sé cuánto le costaría a John Williams escribir este libro. Pero debe ser realmente difícil conseguir tanta emoción desde esa prosa estoica; la máxima expresión con la mínima cantidad de medios. ¡Y esta novela no la conoce casi nadie! ¿Cómo es posible?

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cicerón


Marco Tulio Cicerón
Francisco Pina Polo

Tenía pendiente desde mis primeros acercamientos a la historia de Roma una lectura seria sobre la figura de Cicerón. Todo lo que conocía de ella era de segunda mano: referencias de pasada leídas en biografías de Julio César o libros sobre la Guerra Civil, comentarios en la historia que escribió Mommsen o, directamente, descalificaciones como las que recogía Asimov en su libro divulgativo sobre la República.

Este libro cumple de sobra con las expectativas que tenía. Recorremos la vida del famoso orador romano glosada con textos extraídos de su vasta producción (parece que la correspondencia conservada de Cicerón es tan nutrida que hay épocas de su vida que pueden reconstruirse casi semana a semana. Y hablamos de alguien que vivió ¡hace 2000 años!) y el autor siempre se preocupa de contextualizar las reflexiones y actuaciones del biografiado respecto a la época en que suceden, lo que resulta muy esclarecedor.

En su faceta pública queda perfilado un personaje vanidoso poseído, como muchos contemporáneos de su clase social, por el afán de notoriedad tanto a través de la obtención de posesiones materiales como del desempeño de cargos públicos. En ese sentido, la consecución del consulado (tras una fulgurante carrera en la que desempeñó todas las magistraturas elegido el primero entre todos los aspirantes y con el mínimo de edad que exigía la ley para cada cargo) constituyó el cénit de su carrera política. Paradójicamente la dura (y muy discutida por algunos pues terminó con el ajusticiamiento de ciudadanos romanos sin juicio previo) represión de la revuelta de Catilina, considerada por Cicerón su mayor servicio a la República, fue también el origen de su momento más aciago: los dieciséis meses de destierro, que solo terminaron gracias a la intercesión de Pompeyo. Después, el intento de restitución de la gloria perdida, el proconsulado forzoso en Cilicia, la Guerra Civil y la indecisión sobre cómo actuar, el advenimiento de César con los devaneos para no enemistarse con el dictador, los problemas familiares (su divorcio, el alejamiento de su hermano y el enfrentamiento con su sobrino, la muerte de su hija Tulia) y, tras el asesinato de César, las filípicas contra el tirano (como lo describió Cicerón en múltiples ocasiones) y sus eventuales herederos y, finalmente, la muerte a manos de seguidores de Marco Antonio (acérrimo enemigo).

El libro se cierra con tres curiosos apéndices que recogen la imagen enormemente negativa legada por Mommsen del gran orador a través de su monumental historia de Roma, las conclusiones de un estudio psicoanalítico realizado en los sesenta por Paul Briot y un resumen de la imagen que tenía de sí mismo nuestro hombre.

Ha sido una buena lectura. Un buen libro de historia que nos bosqueja un personaje poliédrico, sediento de gloria civil (la militar siempre le resultó ajena), que estimaba su figura pública en una talla muy superior a su peso real, indeciso en los momentos que exigieron decisión y capacidad de maniobra política y tendente en su correspondencia a dramatizar las situaciones personales y a culpar a otros de sus problemas. También un conservador acérrimo (aunque circunstancialmente no dudó en defender posturas opuestas cuando César y Pompeyo se lo requirieron o cuando lo estimó necesario para salvaguardar su persona) que no estaba dispuesto a consentir ningún cambio en el sistema republicano tradicional y que consideraba los problemas de su época debidos, no a fallos estructurales de dicho sistema, sino a defectos en las personas que desempeñaban los cargos públicos a las que pensaba que se debía eliminar físicamente. Fue también un agudo observador de la vida política de su época, un experto jurista y un eximio orador y escritor. Y esta última faceta es la que le ha permitido llegar hasta nosotros; no envuelto en el frío mármol de las estatuas, sino en el cálido vestido de las letras, que con sus arrugas nos permite conocer a Marco.

martes, 7 de agosto de 2012

El mapa del tiempo


El mapa del tiempo
Félix J. Palma

Aprovechando la convalecencia, me he decidido por uno de los tochos que tenía pendientes. Como además quería algo lúdico, elegí este “El mapa del tiempo” que tan buena impresión había causado entre los aficionados.

Una vez concluida la novela, no sé aún cómo tomármela. Hay una historia que es la que la vertebra que no creo que ocupe ni la mitad de las más de 600 páginas que tiene el libro en su edición en tapa dura (y eso que hay partes del argumento que se narran varias veces). Entre las peculiaridades hay un narrador omnisciente (vale) que de vez en cuando, supongo que con afán irónico y/o humorístico, ocupa la pista central y narra los acontecimientos en primera persona; y además el autor se toma la molestia de hacer que el propio narrador nos avise y explícitamente describa que toma la palabra. ¿Será para que no lo confundamos con algún personaje?

Para introducirnos en esa historia principal, el autor monta un preámbulo de casi un centenar de páginas. A lo Dickens pero sin ser Dickens. Y en ese prolegómeno participa Jack “el Destripador”. Los sucesos de esa introducción conducen a la que se supone es la razón de ser de la historia, y esa parte es dinámica y atractiva aunque el autor no se resiste a que aparezcan Stanley y Livingstone. La naturaleza de los hechos descubiertos en esa parte de la narración se enlazan con la reciente publicación (me refiero a la cronología de la novela) de “La máquina del tiempo”, lo que el autor aprovecha para que H.G. Wells y, en un nuevo escorzo, ¡el Hombre Elefante! se sumen a la lista de personajes. Con un retruécano del argumento y la participación de Tesla, que aún no había aparecido, termina la primera parte.

En el comienzo de la segunda se destrenza la parte más trenzada del argumento central. Los meandros biográficos se centran esta vez en personajes ficticios y de paso asistimos al teatro dentro del teatro. Unos cuantos remaches y se cierran las pequeñas fisuras que el autor había dejado abiertas adrede. Y concluye la segunda parte.

En la tercera se incorporan a la sopa de personajes Bram Stoker y Henry James, que no debe de gustarle mucho a nuestro autor. Hay otra voltereta argumental que a estas alturas, después de tantos saltos, ya ni sorprende ni embelesa, y con ella y una reflexión final se cierra el relato.

La novela está muy documentada, lo que sería un punto a su favor si no fuera porque durante la lectura da la sensación de que prácticamente estamos leyendo parte de las notas que tomó el autor para hacer acopio de datos. Por ejemplo, en cada una de esas apariciones estelares de personajes victorianos, Palma glosa parte de la vida y milagros de los “colaboradores” y en el caso concreto de Wells llega a resumir los argumentos de algunos de sus relatos y novelas. Se termina con la sensación de estar leyendo un catálogo de celebridades, inventos y chascarrillos de la Inglaterra decimonónica.

En definitiva un pequeño juguete. Un mecano. Toda la novela es una impostura (bien montada, eso sí) y yo no sido capaz de conectar con ella. Me he sentido como si “Con la muerte en los talones” hubiese consistido en contar el motivo por el que persiguen a Cary Grant, en lugar de ocultarlo y usarlo como simple excusa para filmar sus consecuencias. Aún así la novela es entretenida pero creo que Félix J. Palma podría haber escrito algo muchísimo mejor. Dejo apuntado aquí para no olvidarlo que no debo leer ninguna de las compañeras (una de ellas - “El mapa del cielo” - ya editada) ambientadas en la misma época.

martes, 24 de julio de 2012

Los Príncipes Demonio

Los Príncipes Demonio
Jack Vance

Harto de esperar la edición de Gigamesh, que lleva prometida años pero nunca aparece, he recurrido a los amigos para poder leer los míticos “Príncipes Demonio” de Vance.

Solo he podido completar la lectura del primero de ellos (Malagate el Funesto). La desbordante imaginación de Vance vuelve a proporcionar un decorado suntuoso, pero en esta ocasión lo que sustenta la trama es una especie de investigación policial para acabar con estos criminales príncipes. Y esa trama es muy endeble. Todo en ella resulta evidente y el tratamiento (al menos en la parte del libro que he podido soportar) de los personajes es completamente superficial; el autor les confiere determinados rasgos que no tienen ninguna influencia en su comportamiento y la interacción entre ellos en los supuestos clímax de la narración raya lo esperpéntico.

Reconozco que ha sido una gran decepción, como ya me ha sucedido con otros libros del género que llevaban años descatalogados y fueron largamente esperados.

lunes, 16 de julio de 2012

Los cuentos de Kipling


Relatos
Rudyard Kipling

Acabo de terminar este volumen que recoge una selección (pequeña: escribió centenares) de los cuentos de Kipling. Solo conocía su novela “Kim” y el clásico “Libro de las tierras vírgenes” y me pareció que como aficionado estaba obligado a leer algo más de alguien como él.

Dicen que es difícil opinar sobre la obra de Kipling porque se mezcla con el personaje público, defensor del Imperio y de la probidad y la superioridad del blanco sobre todos los demás. A mí las valoraciones políticas aplicadas a las obras de arte siempre me han dejado indiferente. Además, creo que en el caso del británico hace ya mucho tiempo que cualquier opinión suya ajena a la literatura ha dejado de tener importancia y, aunque es cierto que alguno de sus personajes realiza algún comentario que puede ofender, lo mismo podría decirse de otros escritos de cualquier época.

Lecturas políticas aparte, lo que hay en este volumen es una de las mejores colecciones de relatos que puedan leerse. Aquí están los aventureros que se convirtieron en reyes de Kafiristán; el indefinido Morrowbie Jukes que, tras una loca cabalgada, termina en un Purgatorio en vida; el pobre niño trasladado a Inglaterra para educarse en las costumbres de un pueblo civilizado; los dos parias que terminan, de un modo inesperado, convertidos en héroes en “Tambores de guerra”; el hombre que aspiraba a ser escritor y solo lograba crear literatura cuando recordaba que antes había sido otros hombres; los cartesianos ingenieros constructores de puentes enfrentados al panteón hindú; el inefable cristal que los musulmanes llaman ojo de Alá; Shakespeare inventando la Biblia...

Todo en un estilo consumado, como muestra esta descripción del protagonista de “El alba malograda”:

Carecía del más mínimo pudor, en cuanto a autobombo y “reconocimiento”; elaboraba siniestras intrigas; establecía mezquinas amistades y alianzas que disolvía a la semana siguiente en favor de relaciones más prometedoras; adulaba, desairaba, sermoneaba, manipulaba y mentía con el desenfreno de un político en su afán por conseguir el título de caballero, no para él (no dejaba de invocar a su Hacedor para que lo librara de semejante pensamiento), sino como tributo a Chaucer.

Es imposible resumir el tesoro que encierra este libro. Tan imposible como destejer algunos de los relatos que aparecen en él, que están escritos con engañosa sencillez y, sin embargo, son de una sutileza inaprensible.

Letras de oro.

miércoles, 11 de julio de 2012

Industrias y andanzas de Alfanhuí


Industrias y andanzas de Alfanhuí
Rafael Sánchez Ferlosio

La verdad es que tuve mucha suerte. No hubo ningún profesor luminaria con la ocurrencia de obligarme a leer este libro de Ferlosio; porque en aquel momento no lo habría apreciado en lo que vale y habría aborrecido al autor, como ya me sucedió con otros, durante décadas.

En su ensayo “España 1936-1950: Muerte y resurección de la novela” Miguel Delibes recoge sus opiniones sobre el arte de Ferlosio. Para el vallisoletano se trata del mejor prosista español de la segunda mitad del s.XX y concluye que a Ferlosio la novela le aburría, le resultaba fácil de desarrollar y superficial en sus contenidos.

Si lo dice Delibes imagino que se aproximará a la verdad. Lo cierto es que asombra que el autor de estas páginas sea el mismo que el de “El Jarama” porque aquí nos encontramos con las fantasiosas correrías de un muchacho a través de lugares ordinarios para nosotros (Alcalá, Castilla, Madrid, Moraleja) que, sin embargo, se transforman en geografías fantásticas, habitadas por personajes peculiarísimos y en las que acontecen hechos singulares. Y todo en una prosa tan bella, exacta, rica y deslumbrante que, visto el panorama actual, parece acuñada más por un autor del otro lado del Atlántico que por un español.

Es un auténtico festín en el que se conjugan los pasajes complejos con otros de una sencillez que te desarma como lector y te hace vivir las sensaciones del protagonista:

“Tienes ojos amarillos como los alcaravanes; te llamaré Alfanhuí porque este es el nombre con que los alcaravanes se gritan los unos a los otros"

Me ha encantado también, no solo por su belleza sino por el modo en que condiciona la lectura de la novela, la cita de las Escrituras (Mateo: 6-22) con la que el autor prologó el texto:

"La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es limpio, todo tu cuerpo será luminoso"

lunes, 9 de julio de 2012

Caviar

Caviar   
Theodore Sturgeon

De Sturgeon, aunque es uno de los nombres clásicos del género y siempre ha estado presente en la editoriales españolas, solo había leído la colección de relatos “La fuente del unicornio”. Aprovechando los saldos de Minotauro de hace unos años adquirí esta otra recopilación, de tan solo ocho cuentos, espléndidamente editada.

Son relatos escritos entre 1941 y 1955 y todos se construyen con el mismo procedimiento: se describe una situación que al final se resuelve, en un final rápido, de un modo imprevisto respecto al desarrollo previo del argumento. El efecto sorpresa depende en gran medida de la cantidad y variedad de lecturas que se llevan a cuestas. Tampoco deslumbra, cuando aparece, la pirotecnia científico-tecnológica. En realidad los intereses de Sturgeon se centran en las personas y en sus reacciones sentimentales e incluso éticas. Cada cuento trata de las relaciones humanas (la dependencia afectiva, la codicia, la empatía hacia los demás, la niñez) y los únicos fácilmente encuadrables en lo que un lector habitual consideraría ciencia-ficción quizá sean “Un dios microcósmico” y “Medusa”.

De los ocho cuentos, “Fantasma” me ha parecido el más flojo con diferencia. “Un rayo de luz” pierde interés conforme se avanza en su lectura y al final ha resultado decepcionante. En el extremo opuesto, por su brillantez y lo absorbentes que resultan, colocaría a Un dios microcósmico y “Sombras en la pared”.

En cualquier caso los ocho están escritos con primor. Con una eficacia que asombra. A Sturgeon le bastan una frase o un adjetivo para describir un personaje, una psicología, una necesidad. Merece la pena conocerlos.

viernes, 22 de junio de 2012

La chica mecánica


La chica mecánica
Paolo Bacigalupi

Ya no queda petróleo. La energía se produce con medios mecánicos activados con la fuerza animal o humana (aunque este hecho no es el que da título a la novela). La comida es escasa y se ha convertido en un bien estratégico, objeto de disputas internacionales, de mercadeo y de especulación; incluida la especulación genética: muchos alimentos y seres son creaciones artificiales ideadas en un laboratorio, así como las enfermedades y plagas que pueden destruirlos.

En este marco Bacigalupi dibuja una Tailandia posible habitada por thais, expatriados de otras nacionalidades convertidos en parias y visitantes extranjeros que buscan medrar en el volátil panorama político y social del país.

Una historia vibrante, trepidante cuando la ocasión lo requiere y completamente verosímil a la que las pinceladas de ficción aportan color y sabor haciendo el conjunto aún más atractivo y en la que los episodios motrices son los relacionados con la intriga política y la ambición personal.

Una nueva joya para engastar en la flamante corona de la ciencia ficción actual.

lunes, 11 de junio de 2012

Historia de las relaciones internacionales


Historia de las relaciones internacionales
II. Del sistema de Yalta a nuestros días
Charles Zorgbibe

La imagen de la reseña pertenece en realidad al hermano de este volumen: el que dedicó Zorgbibe a la diplomacia mundial que operó desde la Europa de Bismarck hasta el final de la Segunda Guera Mundial. En este segundo volumen se ocupa del período comprendido entre el final del conflicto y el arranque de la década de los noventa del pasado siglo.

Lo primero que llama la atención (al igual que me ha sucedido con otros volúmenes de esta colección “Alianza Universidad”) es lo mal traducido que está el texto. Hay abundancia errores ortográficos y de sintaxis que hacen algunas frases casi ilegibles. Quizá suceda esto porque los traductores son especialistas en las materias recogidas en los ensayos y no profesionales de la traducción, pero dado el precio de los libros convendría que Alianza (tan cuidadosa con su catálogo) puliera este inconveniente.

El ensayo toca tal cantidad de sucesos que hablar de análisis resulta casi imposible. En realidad el volumen es más bien una secuencia de acontecimientos más o menos contextualizados y someramente explicados. Sirve para hacerse una idea algo ordenada de la marea de la historia en esa frenética segunda mitad del siglo XX, pero si (como es mi caso) no se tienen conocimientos previos sobre determinados episodios, el raudal de hechos, nombres, fechas y tratados puede apabullar y no dejar claros los acontecimientos propiamente dichos. A cambio, se tiene un volumen de consulta rápida sobre casi todas las cuestiones fundamentales de la política internacional de la época.

¿Qué impresión final queda después de leer el ensayo? En primer lugar, la cantidad de historia producida en Oriente Próximo: hay casi tantas páginas dedicadas a esa zona (Israel, Palestina, Egipto, Irán, Irak, Líbano, Siria, Kuwait, Arabia, Afganistán y todas las relaciones imaginables entre ellos y de ellos con otras naciones) como al enfrentamiento entre EEUU y la URSS. También resulta sorprendente (al menos para mí) la presencia desvahída, casi inane de estadistas europeos enormemente prestigiosos como François Miterrand, Margareth Tatcher o Helmut Kohl que no parecen haber influido decisivamente en negociaciones y acuerdos, comparada con el relieve que cobran otros políticos hoy prácticamente olvidados fuera de sus naciones y de las aulas como Adenauer o el egipcio Sadat. España, obviamente, ni está ni se la espera.

Una lectura satisfactoria y bastante esclarecedora. Y tiene momentos verdaderamente incisivos, como este al comienzo del capítulo 27 (página 380) en el que se analiza la situación internacional de EEUU a finales de los sesenta, justo antes de la visita de Nixon a China:

El nuevo juego triangular se fundaba en las relaciones de antagonismo entre los tres actores [China-URSS-EEUU] pero, como demostró Michel Tatu en un análisis minucioso de la constelación triangular, los antagonismos no eran siméticros. En las relaciones del gobierno de Washington con sus dos interlocutores, el antagonismo era fortuito, puesto que la rivalidad de EEUU y de la URSS no tenía una razón puramente nacional, su enfrentamiento nunca había sido directo y el apaciguamiento en sus relaciones condujo al respeto mutuo de sus zonas de influencia; el antagonismo chino-americano, que seguía a una larga tradición de amistad, había obstaculizado ciertamente la unidad nacional de China, pero el resto del contencioso era pequeño. Por el contrario, la reconciliación chino-soviética parecía en aquella época improbable: los soviéticos y los chinos tenían en común la frontera más larga del mundo, la seguridad inmediata de sus territorios respectivos estaba en juego, la comunidad ideológica conllevaba la excomunión mutua y la voluntad de acabar con los “hermanos cismáticos”. Así, a largo plazo, el juego triangular parecía favorecer a EEUU que “menos prisioneros de prejuicios doctrinales” y no teniendo adversarios sistemáticos “deberían poder jugar más libremente”.

Dejo para el final los dos mejores recuerdos del libro: la caída del telón de acero y la desaparición del apartheid. Mediante el diálogo. A través de la razón y el sentido común. Recordarlo alegra el corazón.

sábado, 2 de junio de 2012

Soldado de Sidón


Soldado de Sidón
Gene Wolfe

En 1986 publicó Gene Wolfe “Soldado de la niebla”, a la que siguió tres años después “Soldado de Areté”. En ellas nace el soldado Latro, cuyas andanzas terminan (al menos de momento: la publicó en 2006 con 75 años de edad) en “Soldado de Sidón”, que publica La Factoría de Ideas –a la que hay que agradecer que retome un autor tan abandonado en España- con unas cuantas erratas en la traducción, unos bonitos grabados encabezando cada capítulo y una portada que recuerda al egipcio Sinhué o a la tierra de faraones filmada por Howard Hawks y que no refleja demasiado bien lo que nos vamos a encontrar encerrado bajo las solapas.

Latro es un soldado tocado por los dioses: olvida cada noche lo que le sucedió a lo largo de la jornada; es, como lo describe uno de sus compañeros de viaje, un recipiente roto. Por ello escribe en un pergamino, antes de dormir, los sucesos del día, para poderlos leer de nuevo y recordar artificialmente quién es y quiénes son los que le rodean. Todo está narrado en primera persona a partir de las anotaciones del pergamino y es tal la habilidad de Wolfe, que a pesar de recordar Latro casi en cada capítulo su desmemoria, describir para sí mismo quiénes le acompañan o cuál es su cometido, nunca nos aburrimos.

Esta tercera novela, al contrario que sus predecesoras que transcurrían en la antigua Grecia, se desarrolla en el Egipto sometido a la dominación persa. De nuevo la mitología convive con los hechos cotidianos y las apariciones de dioses y seres fantásticos se imbuyen de normalidad, tanto para Latro (que parece un elegido de las deidades) como para el resto de personas. Todos los habitantes de este antiguo Egipto aceptan un más allá poblado de dioses y animales mitológicos y todos son conscientes de convivir con ellos.

La etiqueta “novela histórica” se ha vuelto, me temo, demasiado elástica y acoge cualquier engendro que cite o se desenvuelva (al menos en la imaginación del autor) entre hechos registrados por la historia. La naturaleza de la obra imaginada por Wolfe creo que trasciende esa etiqueta: a partir de una ambientación puntillosa se crea un Egipto que probablemente nunca existió. Creo que no hay en toda la novela un solo anacronismo. Los materiales, los alimentos, los ropajes, los arreos de los animales, todo está pensado y descrito de acuerdo a lo que se sabe de aquella época y, sin embargo, viajamos mucho más allá; a un Macondo egipcio, transportados por prosa concisa y bella y por una poderosa imaginación.

jueves, 17 de mayo de 2012

Dilvish


Dilvish
Roger Zelazny
I. Dilvish, el maldito
II. La tierra cambiante

La Factoría de Ideas reedita las dos novelas de Roger Zelazny protagonizadas por Dilvish. Dilvish, convertido en piedra por el hechicero Jelerak al interrumpir por accidente uno de sus sortilegios y condenada su alma a habitar en el averno durante doscientos años hasta que logra escapar y emprende la venganza.

En realidad "Dilvish, el maldito" consiste en una serie de relatos independientes, escritos en diferentes fechas en los que el personaje principal es Dilvish. En general son entretenidos aunque la narración es muy esquemática. Es como si Zelazny necesitase más espacio para dar lo mejor de sí mismo y el relato más estimable es el de mayor longitud: Torre de hielo. En el debe, las más de doscientas páginas son engañosas ya que la edición es con una letra de dimensiones considerables por lo que el volumen no tiene demasiada lectura.

"La tierra cambiante" sí es una novela. Es independiente de la colección de relatos, aunque hay muchos personajes y situaciones a los que se hace referencia por lo que la historia es más disfrutable si se conocen los antecedentes. Aquí encontramos una unidad de estilo que no existía en el volumen de relatos y, con más páginas, Zelazny escribe mejor aunque siempre está pendiente del ritmo, de forma que la sucesión de acontecimientos es vertiginosa, con varias tramas abiertas que confluyen en el final de la novela. Muy entretenida, bastante bien escrita y ejecutada al modo de los clásicos: lo que puede contarse en una página no se cuenta en treinta.

viernes, 11 de mayo de 2012

Borges en los diarios de Bioy


Borges (diarios)
Adolfo Bioy Casares

Bioy Casares escribió durante gran parte de su vida un diario que Planeta editó completo hace unos años. De aquel volumen de dimensiones bíblicas se ha extraido esta selección (editada en 2011), que se centra en la figura de Borges.

No se tratan aquí aspectos sentimentales de la vida del escritor argentino. Su casamiento pasados los sesenta, su divorcio posterior, la relación con su madre o el amor hacia María Kodama se vislumbran pero pocas veces son el argumento de las anotaciones de Bioy. Con el paso de los años (el diario arranca en 1947) y muy especialmente a partir de la década de los setenta, el flujo de las anotaciones disminuye y en la década de los ochenta, cuando los dos amigos se alejaron física y quizá también sentimentalmente, el diario se vuelve magro.

Juan Ramón Jiménez, Goethe, Lorca, Neruda, Gabriela Mistral, Gerardo Diego, Alberti, Quevedo, Shakespeare, Baroja, Azorín, Sábato... todos ellos y muchos otros son laminados de forma implacable por estos dos alcahuetes en sus tertulias privadas. Se difumina en estos diarios la imagen del Borges venerable y oracular, atemperada por rasgos más humanos.

El grueso de las entradas lo constituyen discusiones sobre literatura. Sobre autores, estilos, versos, palabras elegidas en determinados fragmentos y los posibles motivos que condujeron al autor de turno a dicha elección y todo tipo de cuestiones relacionadas con el arte de escribir. Independientemente del chascarrillo, asistimos al diálogo de dos mentes luminosas que nos hacen vivir y disfrutar la literatura.

Una maravilla.

sábado, 5 de mayo de 2012

Mi nombre es legión


Mi nombre es legión
Roger Zelazny

Aunque se vende como una novela, en realidad el libro consiste en tres relatos escritos en diferentes momentos cuya única relación es que los protagoniza el mismo personaje.

Son tres relatos policiales. En el primero se trata un caso de sabotaje; un relato correcto sin más que no tiene nada especial. En el segundo una serie de asesinatos atribuidos a delfines; ilegible. Y en el tercero un asesinato atribuido a una máquina; comienza siendo interesante por las características tan particulares de la máquina y termina aburriendo por las disgresiones psicoanalíticas a las que se dedica el autor.

Un Zelazny desangelado, con una prosa ramplona, sin inspiración, alejadísimo de sus momentos más afortunados. Totalmente prescindible.

El libro ha conocido ediciones anteriores con el título El hombre que no existía.

viernes, 27 de abril de 2012

Leviatán o la ballena


Leviatán o la ballena
Philip Hoare

Un libro editado por Ático de los libros en un atractivo tono verdoso con un cachalote negro saliendo a respirar a un cielo color marfil. El interior contiene fotos, grabados, dibujos... una auténtica preciosidad un tanto afeada por deslices en la corrección del texto traducido: el adverbio “donde” aparece siempre con tilde aunque no la necesite para nada, hay expresiones dudosas (“la piel [de la ballena] era tan gruesa como la tela de un pañuelo”), etc.

Un ensayo escrito como los que urdieron Runciman sobre las Cruzadas, Boswell sobre Johnson, Huizinga sobre la Edad Media o Burckhardt sobre el Renacimiento italiano; como ya no se hacen porque no se atreve nadie; está escrito desde el rigor para transmitir la pasión. Es tan prodigioso como los animales de los que trata.

Naturalmente no faltan Melville y su ballena blanca ni los datos científicos. Pero además de esos elementos, que son los esperables, visitamos las ciudades y fortunas nacidas y destruidas más tarde por los avatares de la industria de la caza de la ballena y sus vaivenes; concurrimos con damas y caballeros de la época al acontecimiento de una ballena varada en la Inglaterra del XVIII; conocemos retazos de la vida de los marinos dedicados durante el siglo XIX a la persecución y la caza del leviatán; asistimos a la pasión desplegada durante siglos por naturalistas y conservadores de museos, deseosos de conocer los misterios del monstruo; nos cuenta Hoare cómo la Corona inglesa tenía todos los derechos sobre cualquier cetáceo varado en cualquier punto del litoral inglés, y cómo ese privilegio devino en un quebradero de cabeza cuando el devenir de los tiempos hizo inútil el aprovechamiento del animal pero exigió la retirada, por salubridad, de todas esas toneladas de carne.

Nos cuenta Hoare todas estas cosas y muchas otras, algunas trenzadas con acontecimientos de su vida que, en el momento de la lectura, pasa a ser la nuestra. A Hoare le sucede como a Montaigne: él mismo forma parte de la materia de su libro, mezclado con las ballenas.


lunes, 16 de abril de 2012

La mano izquierda de la oscuridad


La mano izquierda de la oscuridad
Ursula K. Le Guin

Una vez más el protagonista se haya sitiado. Tanto por el propio planeta (Invierno, cuya climatología hace honor a su nombre) como por los habitantes del mismo y su sociedad, costumbres y rivalidades políticas. En esta ocasión se trata de un destino deseado, de una misión para la que el protagonista se ha ofrecido voluntario.

En Invierno encuentra una sociedad cuyo rasgo más característico es que sus habitantes son hermafroditas. Su género es elegido a voluntad y su actividad sexual pasa por un período activo seguido de otro de saciedad.

Las impresiones del protagonista y las de su principal contacto entre sus habitantes, junto a mitos locales y anotaciones de visitantes pretéritos forman el mosaico que nos sirve para entender el punto de vista de cada faceta implicada en la historia.

De nuevo la principal preocupación de Le Guin son los seres humanos, sus anhelos, los conflictos que surgen entre ellos (debidos a la ambición, al intento de alcanzar las metas propias, a las diferencias que existen entre unos y otros) y los distintos modos de abordar su solución. Sin dedicarse en ningún momento a describir Invierno la autora consigue, de modo indirecto, que nos sintamos inmersos en ese hipotético mundo y el complejo concepto que tienen sus habitantes de las relaciones personales.

Creo que es su mejor novela. Y en alguien que ha escrito unas cuantas muy buenas, eso es mucho decir. Fascina, conmueve e invita a la reflexión.

domingo, 15 de abril de 2012

Las partículas elementales según Houllebecq


Las partículas elementales
Michel Houllebecq

De nuevo el gran autor francés nos enfrenta a la soledad que asedia al ser humano aún estando rodeado de semejantes. Lo hace con la misma precisión y economía de medios que despliega en su prosa. Imagino que un entomólogo contemplará del mismo modo a los seres que estudia.

En esta ocasión la historia se trenza en torno a la vida de dos hermanastros. El modo en que Houllebecq nos los presenta como tales y detalla los vínculos familiares de ambos es sutil, original y excitante: invita a seguir leyendo, a querer conocer más. El retrato de sus (nuestras) vidas es demoledor. No hay espacio para la indulgencia. Houllebecq es un Juez. Implacable.

Aunque este blog lo hago para mí, procuro poner cuidado en no desvelar los argumentos por si alguien llega hasta esta página a través del azar de internet. Así que no añadiré más pero si alguien quiere recorrer algunos de los senderos del corazón de los hombres, en este libro tiene un guía.

viernes, 6 de abril de 2012

El club de los optimistas incorregibles


El club de los optimistas incorregibles
Jean-Michel Guenassia

Aventuras, venturas y desventuras del joven Michel Marini. Una especie de Cuéntame francés que arranca en 1959 y termina en 1964.

Las peripecias del joven Marini y su familia junto con las vidas rotas de un grupo de exiliados de diversos países comunistas sirven para recorrer algunos acontecimientos de aquellas fechas: el advenimiento del general de Gaulle, la guerra de Argelia, la insurgencia de grupos de jóvenes radicales, los fugitivos del otro lado del telón de acero, la aparición del rock and roll, todo visto por un chaval que comienza su etapa adolescente.

Buenos personajes (especialmente los exiliados) y buen manejo de situaciones. Agradable  (muy emotiva en algunos momentos) aunque sin ninguna trascendencia ni rasgo que le haga destacar. Aún así vale más que el noventa por ciento de los best-sellers de los últimos veinte años.